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El doctor le dijo que podía perder la muñeca. Esta semana regresa a la Abierta

Después de una cirugía de húmero que casi le cuesta la movilidad del brazo, Héctor Salcido jugará esta semana en la categoría más alta del tenis amateur local

El doctor le dijo que podía perder la muñeca. Esta semana regresa a la Abierta
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Este reportaje es parte de nuestra cobertura especial del torneo 4to Ranking UDH 2026. Consulta más historias y estadísticas aquí.

Héctor Salcido, de 24 años, ha jugado tenis competitivo durante la mitad de su vida. En la adolescencia llegó a convertirse en el número uno de Sonora. Su objetivo era aprovechar su dote para ganarse una beca universitaria. Algo que consiguió. Todo ese tiempo jugó sin lesiones serias.

Esa fortuna terminó después de graduarse, cuando el tenis ya era más un pasatiempo que una aspiración profesional. En diciembre se cayó corriendo y se partió el húmero izquierdo. Entró a cirugía tres días después.

El húmero es el único hueso en la parte alta del brazo.

"Fue una operación bastante complicada... me destrocé el hueso", cuenta Héctor. "Tuve problemas después de la cirugía por unos temas de anestesia... fue horrible, dejé de sentir la muñeca izquierda, no la podía mover, estaba caída, no podía mover los dedos, nada."

El diagnóstico fue alarmante: "El doctor me dijo: no puedes estar peor, estás a punto de perder la muñeca."

"Fue horrible, dejé de sentir la muñeca izquierda, no la podía mover, estaba caída, no podía mover los dedos, nada."

Pasaron tres meses sin que pudiera jugar. Cuando el doctor le dio luz verde, Héctor volvió a la cancha con muñequera, incapaz de sacar o usar su revés a dos manos. "Estuve pegando con puro slice durante mucho tiempo, hasta que empecé a recuperar fuerza", recuerda.

Hace poco jugó su primer torneo (el 3er Ranking UDH, en junio) de regreso en la categoría A, un escalón abajo de donde solía competir, para probar la recuperación del brazo. Ganó la categoría sin perder un set.

Detrás de la recuperación, dice, hubo un equipo: sus papás, sus maestros actuales, Memo Cholula y Sergio Díaz, y Gisselle y Aarón, fundadores de la academia de la Unidad Deportiva Hermosillo (UDH). A ellos los llama, sin matices, "familia postiza".

Esta semana jugará su primer partido de vuelta en la categoría Abierta, la más alta del circuito amateur local. "Es mi primer torneo de vuelta en la [máxima categoría]... para medirme con los buenos ahora sí, a ver cómo me va", dijo sin lanzarse a dar un pronóstico, aunque con cierta confianza en los ojos.

Las pelotas que más se le dificultan ahora mismo, derivado de su lesión, son las altas al lado del revés. "Aún me estoy recuperando de la operación y no lo tengo muy sólido", confiesa.

"Literal, me corrieron de raquet y me mandaron a clases de tenis. Regresé y me quedé desde los 12 años”.

Odio y amor al tenis

Para Héctor el tenis no fue un amor a primera vista. Su primera exposición al deporte blanco fue a los 6 años. Pero lo odió. Prefirió probar suerte en otros deportes: “Pasé por todos los deportes… natación, taekwondo, hasta que llegué al ráquetbol y los maestros me odiaban porque le pegaba como tenista. Literal, me corrieron de raquet y me mandaron a clases de tenis. Regresé y me quedé desde los 12 años”.

Pasó por el Club Campestre Los Lagos y se cambió a la UDH a sus 14 años. “Soy de la primera generación de la academia”, asegura Héctor.

Su objetivo siempre fue utilizar su tiro favorito, un potente revés a dos manos, para conseguir una beca universitaria. Su familia lo apoyó para asistir a torneos nacionales, regionales e internacionales.

El auge de su carrera llegó a los 16, cuando comenzó a ganar en estatales y se colocó como el número uno de Sonora.

La pandemia, como a muchos, no le trajo suerte. "Llegó pandemia y me arruinó todos los planes. Dejamos de entrenar, dejaron de dar becas en universidad y perdí casi todo mi nivel por no entrenar en un año”.

Al final, su plan dio resultado y consiguió una beca deportiva de la Universidad Anáhuac Cancún, donde fue el capitán del equipo durante los cuatro años en los que estuvo.

El motor de su tenis

El torneo que mejor recuerda fue un estatal en Ciudad Obregón. Cuenta que llegó como el caballo negro, el "menos favorito", sin haber derrotado a ninguno de sus rivales anteriormente. "Perdí el primer partido, horrible, 6-0, 6-0. Gané mis otros dos partidos, gané la semifinal y pasé a la final. Mis papás fueron a verme porque nunca había llegado tan lejos en un estatal".