Antes de cada partido, María Molina saca una hoja y escribe una lista. En ella pone lo que quiere hacer en la cancha y lo que no quiere dejar de hacer. “Es como una lista que me ayuda a recordar en qué quiero concentrarme y a entrar a la cancha más preparada”, explica.
Esta semana, la jugadora de 10 años debuta en la categoría B Femenil. El 4.º Ranking UDH es su primer torneo desde que subió de categoría. Su objetivo es comprobar que su tenis ya pertenece a ese nivel.
[Actualización: Un día después de la publicación de este artículo, María ganó en su debut con remontada incluida 5-7, 7-5, 11-9]
A su temprana edad, y en pleno crecimiento, la diferencia de altura suele ser una desventaja competitiva. Pero María tiene un arma para contrarrestarla: la intensidad. Es la palabra que usa ella misma cuando le preguntan cómo se siente al jugar tenis. También la utiliza su entrenador para describir su juego: “intensa, guerrera y disciplinada”.
Su mamá, Carolina, coincide en que esa intensidad no se queda en la cancha, aunque ahí se vuelve más visible. “Fuera de la cancha es una niña más reservada y tranquila, pero cuando juega tenis veo una transparencia en sus emociones que me encanta. En la cancha no tiene miedo de mostrar lo que siente: celebra, se enoja, se emociona, lucha y vuelve a intentarlo”, dice.
Su golpe favorito es el revés, “porque siento que tengo más control y fuerza”. Sus referentes son Iga Swiatek, de quien copia “la intensidad de las piernas”, y Rafael Nadal, de quien admira cómo “se habla de manera positiva” en la cancha.


"“Sueño con ser profesional algún día. Creo que sería muy exigente y mucho más difícil de lo que imagino, pero me gustaría vivir ese reto." Foto: Carolina Benavides
María empezó a practicar a los 6 años y ya conoce la experiencia de perder sin salir derrotada. En su primer torneo, un regional en Navojoa, llegó orgullosa, nerviosa y emocionada, pero se encontró con jugadoras “mucho más grandes y altas que yo, y eso me hacía sentir un poquito chiquita”.